Poco después del día del
cementerio, vi una librería de segunda mano y entré. Supongo que lo hice en
respuesta a la idea de Marilyn de que tenía que llevarme un libro raro. Paseé
de estantería en estantería sin tener una idea clara de lo que quería, y ya
estaba a punto de marcharme cuando me llamó la atención un viejo libro
encuadernado en cuero. Lo saqué. Las tapas estaban gastadas y rotas y había
páginas manuscritas sueltas a punto de caerse. Eran pequeños grabados muy
antiguos pegados aleatoriamente en las páginas con imágenes de personajes
célebres como Pascal, Boccaccio, Tennyson y Edgar Allan Poe, y había también
pequeños grabados de paisajes de Italia, Alemania y Escocia. El librero, con un
gesto de indiferencia y despreocupación, dijo que podía llevármelo por quince
dólares. Lo pagué y me marché a toda prisa por temor a que cambiara de opinión
y me dijera que había cometido un error. ¡Aquel libro tenía mucho más valor!
Fui a un restaurante para poder
sentarme y estudiar mi nueva adquisición. Leí los hermosos poemas escritos a
mano y examiné con detenimiento las imágenes. Se trataba de un álbum que una
dama había comenzado a elaborar en Escocia alrededor de 1830. En él escribió
sus propios pensamientos y poemas, así como otros copiados de personajes
famosos.



