“Cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche y pinto las
estrellas”.
Eterna, oscura, sinuosa, resplandeciente,
sombría, un mar de luces, estrellas y luna iluminan Saint-Rémy bajo la mirada y
pincel del postimpresionista Vincent van Vogh. 1889 fue un año clave
para el pintor neerlandés, no sólo porque fue el año previo a su muerte, o
porque realizase una de las obras por las que sería mundialmente conocido años
después, sino porque se trató del año luz en el que pintó varias de sus mejores
creaciones.

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